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miércoles, 18 de marzo de 2015

La casa en llamas

Día 17 de Marzo de 2015, Emilia recibe el alta,



Vivo colgada de la rueda que fue el columpio,
tu nombre,
mis pilares ausentes sustentan este montón de letras tristes que se niegan a medicarse, para mí ya no es américa, sino Diciembre
viro en un clip de Manson conduzco un Lincom fúnebre a través de la cinta de Moebius,
tanto es el miedo a medirme con los cinco elementos…
tengo veinticinco años,
soporto veinticinco años aún contra la tierra domada que debía ser mi herencia,
este calvero infame se funde hasta ocupar la trampa,
denigra mi rostro,
esta tristeza que tan inexplicable me asusta, me duele sin tregua,
mordisquea mis huesos de Viejo Mundo como una blasfemia conquistando hasta la inanición mi hambre,
éste, mi cuerpo es el nuevo Canaán
silábico, jeroglífico,
compulsivo,
no es culpa vuestra mi indefensión, dicen,
yo era una muchacha utópica y esmeralda,
podía tragar litros de bebidas blancas sin más problemas que la pronunciación fútil,
donde este erial sin más cercas que el espino del miedo vivía una muchacha-río, de laurel y carnívora que creyente en el apotropaico efecto del Hombre, se acogía a los libros sagrados,
capaz de comer lo que los hombres comen, qué eran, primero Amantes y después hombres,
ignorando que la selva acaba marcándote, por pura yuxtaposición,
qué engaño el de las ciudades dónde se mide el peso del agua, con aparatos también para desentrañar la composición del aire, como hollando las crines de un indomable con la fuerza endemoniada del progreso,
la misma que nos hace amarga la relación con nuestro esquela:
esta podría ser mi historia,
mas nunca será mi patrimonio:

I


Allan Washlobsky, Polonia, 1 año después de la caída del Muro,
sus dientes desaparecieron tras el telón de acero, su cuerpo, todo, es un desguace de arsénico y opio,
un hermoso laboratorio para el Proyecto Estragos donde la benzocaína alivia el dolor que causa la superviviencia en el pantano
-         Doctora, llevo un año, 3 meses y seis días limpio, si va a pincharme tiene que saberlo –
le duermo,
su voz es un aguacero de agujas que infiltra inmisericorde mi suerte,
Allan,
te miro y te juro que echo de menos la Guerra Fría con toda mi alma.

II

Negro el ángel se derrama impasivo como cerillas ardientes sobre mi cuerpo,
sobre mi culpa,
decidimos comernos con diligencia suicida,
pues la calavera de un hombre es lo más cercano a la intimidad cuando la distancia impera
y en Kioto sólo seríamos viejos fardos,
así que advertidos de cual es la relación que nos hace presos de este corsé de carne,
así recorro tus trígonos, tus maxilares, la cortical externa,
el suelo de la boca, esa localización terrible,
y me consuela saber que lo demás es Winstrol,
y hormonas,
repito,
solo son hormonas,
repito…
solo hormonas…

III
El Señor es mi pastor, nada me falta,
en verdes praderas me hace repostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas,
por más que camine por cañadas oscuras,
nada temo,

Cabalga, el torso eléctrico, y lo recuerdo recostado en el capó de una berlina blanca serigrafiada como “Reformas Gabriel” M 6697 TP
tan peligroso como un incendio en los Monegros el hijo de Anaïs Nin,
un transatlántico de turistas alemanes celebrando el October Fest en la Antártida,
su sexo curvo, una letra de Led Zeppelin soberbia,
un enorme vaso de vodka que engullir de una sola vez si le pones empeño
a sabiendas que vas ahogarte,
sin pensar en el VPH
o la elasticidad de tus cuerdas,
o quién es él,

Me mira y sé que continuará el mal tiempo

pero su cabeza es un loquero sumamente erótico donde se celebra el fin de los Días todos los días
sin la menor idea del significado de la palabra colmo,
arrojarse a él era arrojarse al foso de los leones,
imprevisible y divertido como una playa de surfistas,
acostarnos, un jodido espectáculo de Monster Truck,

Qué armería de bellos destierros en cada punto de su anatomía abrasiva,
cómo podía ignorarse peligroso …
¡durante ese tiempo prácticamente no dormí! jamás encontré la calma en los brazos de San Metralla,
qué mi recuerdo sea el de entonces,
tan trágico,
recién llegado y con la boca desbordada hasta el trismo,


Ahora lo comprendo, porque para entender la belleza de aquellas playas,
necesitamos decirlas adiós.


IV


Quiero permanecer despierta y lúcida para contar lo que voy a contar,
no amaba su tono de voz,
su tono de voz flemático y sureño como el propio Missisipi contaminado de ginebra,
vadeaba mi nuca silencioso,
el mismo silencio que el de una unidad de grandes quemados,
pero con él sabía que ganaba desnuda,
me obsesioné con su sangre,
su sangre marcándose explosiva como mechas de dinamita a punto de volar la dermis del antebrazo,
la sangre que tan perfecta quedaba en los teasers del porno ciclado,
qué fácil fue ordenar con él mi cabeza como un estudio de grabación, con bombillas de camerino y terciopelo,
y decirle:
- Tú para mí eres Charlie Seen y escaparemos juntos más allá de las Malas Tierras –
qué fácil decirle,
- Tú para mí, Lestat, porque vivir degrada –
- Tú, para mí –
y así pasaron los meses,
sin noticias del termómetro y entre botellas de cava,
y esa sangre.
Naturalmente, como en todas las historias serias nos acostamos la primera noche,
y como en todas las historias serias,
esa felicidad domótica no estaba incluida en la economía del sistema,


V


Jesse cocinó para Nancy toda la noche,
el semáforo pasó del verde,
un tipo empieza a limpiarles el parabrisas con un trapo manchado de sangre,
para el agarofóbico el automóvil, último de los espacios de libertad, una de las últimas zonas de autonomía temporal ofrendada a los humanos,
Nancy observa la garganta escorada de Jesse, el ritmo dextrocardiaco de la respiración del Chevy por encima de las cumbias de la radio latina,
sube el volumen hasta la altura del terror que les provoca la falta de dexedrina.
AVISO: Para besarse con Jesse necesitas al menos, una escafandra y un arpón bien afilado,
sus labios de manglares plagados en el valle sin caminos de la locura precoz podrían llevarte al Infierno antes de que acabes de contar tres, dos…
Nancy lo sabe, pero necesita la pasta,
Jesse siempre decía que la gente tan pretendidamente nocturna da la impresión de decorado,
aunque no parecía demostrarlo, apreciaba la compañía de Nancy más allá de lo que ella supondría para cualquier presidiario,
la enseño a disparar amartillando para añadir dramatismo a su rostro, su rostro que era la envidia de cualquier secretaria tímida.
Un día, sencillamente desapareció,
no le sorprendió,
Jesse solía decirlo,
-         Avisar siempre, aburre-


VI
Control

Cuando dices seres queridos estás matando a tu familia,
durante el invierno de aquel año pasé meses sin encontrar una buena razón para no beber,
cáncer, insuficiencia cardiaca, herpes zóster, parálisis de Bell,
la Urgencia colapso mi alma hasta convertirla en una cruel sala de recuperación de paredes diáfanas y máquinas de café Express,
Llevo casi nueve meses para escribir el poema y ya apenas leo,
Estenosis aórtica, neumonía, depresión
acallé las voces que pugnaban por mi próxima identidad,
a cambio Úrsula me dio estas piernas,
perdón por el silencio, la ausencia, los mensajes sin contestar, los libros amontonados, Compañeros,
mi dolor ha sido un hangar de nihilismo desproporcionado,
-         Yo te diré cuando te quema –
-         Me duele, Russell –
-         Yo te diré cuando te duele – dijo él,
Pero vencido el temor a la inercia, no queda otra que jugársela sin ningún plan,
y eso es insoportable, para mí es insoportable,
sin la esperanza, sin la fe ciega que le tengo a la ciencia, no habría aguantado ver como envejecía antes de cumplir los cincuenta,
no habría aguantado ver como se marchaba y dejaba el precipicio apunto de otra caída libre,
dibujando los límites día tras día,
trabajo, entrenamiento, trabajo, entrenamiento, trabajo…
cada noche, a la vuelta, podía ver el sitio donde había tenido el collar, las correas,
el arnés e incluso las bridas,

roturar la tierra en perfectas líneas rectas,
no salirse del surco,


esos primeros y cruciales surcos.


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