lunes, 7 de julio de 2014

Kiannah

Gurú mecánico de palabras búnkeres,
aquel que torna en piedras lunares un puñado de tuercas.
Yo un territorio solar, hierática virgen en la pira sacrificial del fuego,
mis pulmones impares, mi botiquín de adicciones, mi autosuficiencia,
yo me pregunto, qué hacer para que el amor dure,

Secuestrada en un diván bajo cuarentena de declaración obligada,
pues haber contraído la melancolía del último cuarto de siglo no es más que otra forma de canibalismo,
aquí, donde el silencio es hoy territorio quemado,
donde los bordes de las horas también son romas y esta camisa acolchada difama mi cuerpo,
siempre atormentada como filántropa sin más causa a la que adherirse que al mismo ciprés sagrado,
aquella entre las imposibles,

quise un corazón zurdo para futuros diestros,
que disfrutara de las vocales nativas y me sacara a bailar un bOOgIE allá donde imperaba el VaLS
que por ventana pIEl de gAIA para mirar a los bUEYEs del color UvA,
un experto jugador en OUIjA, un maestro de la hAIEUtIcA,
que me mAUllArA Aloha Au la Oe con el Ku`uipo en las manos,
pues las consonantes están hechas a la velocidad del norte y yo sueño con  mAUI para espantar el ruido.

Sé que le quiero porque mi corazón bombea extracto de hibiscu si me mira y disfruta con palabras como expropiación…… mermelada,
dios falconiforme que copula en el aire con las nahuas angélicas que van de camino al cielo,
intento descifrar con esto el telón que tu cara esconde,
yo me pregunto, quién calibra el balandro de las pasiones,

y le doy vueltas hasta desgastar el ánimo como las ruedas desgastan las ambulancias me arrastro a prisa entre los maizales pensando en bourbon con sed de opio bajo la lluvia de Mauna,
es sólo sílice y cráteres, repito,
qué hermoso conducir de vuelta a casa cuando al final hay una casa,
mientras tanto me gustará el argot universal que la dinamita habla,
amaré la magia de su elocuencia cuando lo público se vuelve público,

como la barca del proscrito navega a contracorriente así los que transgreden son más fotogénicos me digo,
quiénes capaces de cazar bisontes y entregarte su corazón aún vivo,
pero mi aura es goma quemada que busca redención en la lluvia chamánica,
la misma que fabrica la escalerilla por la que los neones suben hasta ella, por la que los restos maltratados de las muchachas,

allí quiero yo mi casa,

y mientras,
mientras sigo llevando cerillas en los bolsillos,
puro hábito,
me pregunto, ¿qué caza recompensas puede ir a la lluvia del Gran Suroeste y volver de allí con el nombre que buscaba?
¿quién capaz de traer la euforia contenida en un ramo de pUAs desde la bAhÍA AÉrEA de Jamaica?
yo, Tiki en ascuas labradas de ébano estas astillas, totémica y para nadie,
implacable,
pues para arder no hay proscenio que iguale la puesta de sol de un Mai-Tai derramado:
 brillante, triple seco y ron acumulándose en el horizonte sobre la línea del mar,

mecánicos del trance que intoxican las sangres de fiebres micróbicas y arrasan todas las aduanas del cuerpo hasta dejarte desnuda de palabras,
así empezaría mi vida si empezara de nuevo,
con una explosión que dejara el billete abierto, pues la bomba siempre es una pregunta,
y harta de encontrar esquelas, yo también he olvidado mi nombre, ese museo vacío dedicado a la espera, como serpiente en el Edén que broncea sus espirales al sol,
porque nada hay como un proscrito, un indicador viviente señalando a cualquier otra parte,
yo me pregunto, si donde tú, también los apóstoles de la otredad, 

sé lo que busco:
tucán de angostura y matapalos para mi sed pluviómetra,
lejos de las ristras de luces de Navidad, donde la legislación no oprime a los candelabros,
yo sólo puedo quererle si en un puñado de gemas ve proyectiles perfectos, y detesta esta fiesta que yo fetichista celebro,
otro 4 de Julio, si, pero para estar cerca del que es jugo de avispón y carne de gacela,
del quien sirve de amarradero a la nave de los locos,
todo champagne y Niágara exclusivo,
lejos de ese exceso de ojos que vacían de autenticidad el Gran Cañón,
a doscientos kilómetros coma doscientos bostezos del cirio fundido del color del agua, de esa galleta cubierta de cicatrices,
donde los dedos corren como zorros en el incendio forestal de la Amazonia,

hace veinticinco años que me estoy matando,
la mires desde donde la mires
la luna sigue siendo un desastre…





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