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miércoles, 23 de octubre de 2013

Cantando sobre la tumba

Octubre – Lowell


Allen recita a Shakespeare, el pasaje favorito de Kerouac: “Cómo mi ausencia como un invierno ha sido… ¡qué escalofríos he sentido, qué oscuros días he visto! / ¡Qué desnudez del antiguo diciembre por todas partes!” Es casi justo la época del año en que murió. Árboles enhiestos y desnudos, sábanas de hojas caídas. Dylan y Ginsberg sentados en el suelo, piernas cruzadas, observando una placa de mármol pequeñita, medio enterrada en la hierba: “TI-JEAN (pequeño Jack), JOHN L.KEROUAC, Mar.12, 1922 – Oct, 21, 1969 – VIDA CON HONOR – SU ESPOSA STELLA, Nov. 11, 1918-.”Dylan va afinando su Martin mientras Ginsberg hace que su pequeño armonio portátil aliente sus notas por el prado. Muy pronto toma forma un blues lento en el que ambos intercambian versos, y luego Allen se introduce en un poema improvisado a la tierra, al cielo, al día, a Jack, a la vida, a la música, a los gusanos, a los huesos, a los viajes, a los Estados Unidos. Yo intento mirar a los dos tal como se me aparecen en ese momento, sin ninguna idea especial de quién o qué son, sino intentado simplemente verlos con un propósito secreto en la cabeza. Cada uno de ellos opuesto pero aun así en armonía. Vivos y cantando a los muertos y a los vivos. Sentados directamente en la tierra, encima de los huesos, debajo de árboles, y oyendo lo que oyen. 



Rolling Thunder: con Bob Dylan en la carretera. Sam Shepard 

jueves, 7 de marzo de 2013

Babilonia



Cuándo empezarán los versos a cambiar mi acento,
yo que ahora dibujo, sólo, pornografía
para no escribir así, poemas de desamor,
porqué es más fácil idealizar un guión aquí
en la dorada Hollywood,
que asumir el daño
que causan ciudades cómo ésta.

Prefiero abrir mi vientre en canal
y que sólo salgan monedas,
a mendigar en los portales de la vieja Europa,
jugármela con un Max Cadi
que sepa recitar de memoria
las erecciones más perversas de Sexus,
a seguir envejeciendo en esta periferia
de 23 años,
dónde la desesperación ha resultado ser
un club poco exclusivo.

Pero quién querría compartir su cama
con una experta faquir
que ha apostado su rubio
a la ruleta del tiempo…

Tómame, me digo
tengo un sabor dulce en tu boca,
y lo juro,
soy una buena chica,
aunque no milite en las filas de
la Sagrada Institución de la Familia.

Quisiera a dentelladas arrancarme
las hojas del calendario,
regresar a la tierra
y nombrarme América,
pero la memoria sigue siendo el juego más lucrativo,
y mis huellas no figuran
dónde ya otros han besado…

Me siento tan vieja para sortear los cepos
que yo misma he sembrado,
que sólo me aferro a la pluma de Dumbo
porque la gravedad es inversa a las grandes utopías,
porque la gravedad es el yeso de los pájaros de trueno
que cambiaron sus navajas por el filo del precipicio.

Y prefiero este cansancio de alas de libélula
a la huida perpetua de la rata del miedo,
que amenaza diligente
con bailar alrededor de la pira
mientras me falla el pulso,
mientras me voy quemando.

Son tantas las cicatrices de las que la gramola no habla
que necesitaría tres guerras
para poner nombre de mujer a estas heridas,
dos Valium para alicatar mi sueño
y aguja para descoser las letras con que el futuro….

Tengo un hambre de ciervos que no sacia la caza
de poemas-soldado,
una barra americana calzada de whisky caro
y el mejor carmín para amortiguar promesas
de todos los gángsters que no sepan manejar
hembras del calibre 38,

en medio del guión
apunta el revólver que marca el eje,
en torno al cuál el cosmos gira desafiando a la física
que no tiene cartas que diferencien
entre dormir desnuda o perfumada de Bourbon,
y debajo de la cama siempre un bate
(por si el Evangelio se pone feo)
y toca recordarle al mundo
que el credo es América,
y la libertad América.

Que la pasión, una loca,
una loca de párpados azules y balas alegres,
una especialista en romances sembrados de espinas
que ha cortado los frenos de todos los espejos
para que nada ni nadie puedan pararla,

cómo loca,
una loca dispuesta a matar al monstruo
con tal de pasar pantalla.

sábado, 26 de enero de 2013

Ride


I was in the winter of my life- and the men I met along the road were my only summer. At night I fell sleep with vision of myself dancing and laughing and crying with them. Three year down the line of being on an endless world tour and memories of them were the only things that sustained me, and my only real happy times. I was a singer, not very popular one, who once has dreams of becoming a beautiful poet- but upon an unfortunate series of events saw those dreams dashed and divided like million stars in the night sky that I wished on over and over again- sparkling and broken. But I really didn’t mind because I knew that it takes getting everything you ever wanted and then losing it to know what true freedom is.

When the people I used to know found out what I had been doing, how I had been living- they asked me why. But there’s no use in talking to people who have a home, they have no idea what its like to seek safety in other people, for home to be wherever you lied you head.

I was always an unusual girl, my mother told me that I had a chameleon soul. No moral compass pointing me due north, no fixed personality. Just an inner indecisiviness that was as wide as wavering as the ocean. And if I said that I didn’t plan for it to turn out this way I’d be lying- because I was born to be the other woman. I belonged to no one- who belonged to everyone, who had nothing- who wanted everything with a fire for every experience and an obssesion for freedom that terrified me to the point that I couldn’t even talk about- and pushed me to a nomadic point of madness that both dazzlez and dizzied me.

Every night I used to pray that I’d find my people- and finally I did- on the open road. We have nothing to lose, nothing to gain, nothing we desired anymore- except to make our lives into a work of art.

LIVE FAST. DIE YOUNG. BE WILD. AND HAVE FUN.

I believe in the country America used to be. I belive in the person I want to become, I believe in the freedom of the open road. And my motto is the same as ever- *I believe in the kindness of strangers. And when I’m at war with myself- I Ride. I Just Ride.

Who are you? Are you in touch with all your darkest fantasies?
Have you created a life for yourself where you’re free to experience them?
I Have.
I Am Fucking Crazy. But I Am Free

Lana del Rey


domingo, 20 de enero de 2013

La estrella solitaria


El espejo me devuelve el revés
todavía en pijama y con los ojos rojos,

me miro,
y no encuentro a la chica Russ Meyer
que se pasea vestida de militar
con una botella de cava en la mano
y la videocámara en la otra
seduciendo a un excombatiente
del Vietnam,
en lo que entendemos, no es
una película de Woody Allen,

me tumbo en la cama, todavía sin hacer,
y busco a las mujeres de Clint Eastwood,
suplicando a Harry el Sucio
que por favor no encañone su Magnum
contra mi garganta
hasta hacerme vomitar mi alma pura y sin pecado.

Arrastro mis párpados
por las fotografías
en las que la lluvia de Oklahoma
amenaza con borrar todos los recuerdos
de esta casa,
y salgo a columpiarme en la rueda
que pende de la soga del ahorcado,
para despedirme
de cada una de ellas con un pistoletazo
en el aire que haga temblar de miedo
a las mismísimas Rocosas,

y esperando un nuevo eclipse solar
para pedirle al puma que esta vez
me devore a mí también,
sirvo un lingotazo triple de Gusano Rojo
y 2 tecates de acompañamiento,

Polifemo aparca su ranchera a las puertas
de mi casa prefabricada,
yo he soñado esta noche
que se me caían tres dientes
y no quiero contárselo a nadie,

me entrega el correo,
parece un genuflexo Juan Diego entrado en kilos,
sin embargo tiene los ojos hermosos,
color siena, cómo estas tierras
y punteados de cruces amarillas,
después vuelve a subirse al volante
y arranca el “Expreso Tristeza”
rumbo al Sur.

Re-repaso estas líneas,
pero no hay pistas de Elsa Martinelli,

enciendo la radio,

“Rachas de chinook en Colorado de 197 km/h…”
“… 50 grados bajo cero Snake River (Wyoming)”

yo me moriría con tanto frío

“Kansas está cubierta de nieve”

Aquí han desaparecido los pájaros por todas partes,
los relámpagos llegaron con sus patas de araña
y desgarraron los postes de telégrafos

quedaba poco tiempo entonces
para celebrar la festividad
de “la Santa Niña de las Putas”
patrona de los prisioneros de Lucifer,
con la segunda luna llena de el último
día de febrero de ese año bisiesto.

estaba,
pero no EstábamoS,

todas las noches comprobaba
cada cerradura de mis puertas,

ni rastro de Jennifer Jones,

Empuñaba una Ruger Blackhawk del calibre 44
cubierta únicamente por una cornamenta de búfalo
de imitación,

es verdad,
mi casa ya no olía a clorhexidina.

Alabama sollozaba en ninguna parte,
dentro de un útero metálico
que tan sólo albergaba los restos
de un Tombstone fantasmagórico

Venus se parecía cada día más
a un despiadado Saturno…

Fue entonces cuando la encontré,
entre lágrimas, pero sin dejar de sonreír,

(lo último que recuerdo
fue la mueca sonriente de un jaguar)

En el momento en que el negro cañón
se enterraba entre sus muslos

Ava Gardner gritaba

-         América es una mierda

viernes, 7 de diciembre de 2012

My one and only love



Las comparaciones con Sasha Grey son odiosas,
más cuando vienen de tu propio novio,
a Montoya, por bocazas,vulgar y limitado,
y a mi orgullo de hembra herido


Si alguna vez creí en el viaje al Paraíso en la tierra,
fue a sabiendas de que
corría el riesgo de ser expulsada de Él,

(el folleto no especificaba que la salida de incendios
daba a un motel destartalado
dónde nadie puede quererse)

Mi cuerpo era un polígono peligroso
por él que merodeaban hambrientas las ratas
que devoraron con codicia religiosa
a todos los hermosos caballos

la bala que me mató,
fue sólo la primera copa:

El canto de cisne de Sera:

Soprendida por las luces que
a media tarde cubrían la ciudad de fluorescentes,
y ciega,
permití ignorante
que el parpadeo de neones sustituyera
el guiño bronce del sol-rey cada tarde.

Me metí hasta en sus intestinos
y diámbula,
(porque en Las Vegas hablar de día y noche
es mero protocolo),
desvestí a mi personaje de dureza y compasión,
prendí fuego a la memoria de desencuentros
bajo el tañido de una vieja campana
y golpeando duro en el mismo lugar dónde ya habían golpeado otros,
me alejé  a medio galope de esas raíces agónicas
bajo las cruces negras de los viejos postes telegráficos
que se acoplaban a través
de las constelaciones del zodiaco

distintos collares de estrellas para el mismo perro.

No,
yo no fui a Las Vegas
a matarme bebiendo,

corrí a Las Vegas por ti,
y cuando el viento estaba en el norte
todavía podía oír a mis caballos,
y el aliento de mis caballos
y los cascos de mis caballos
y las herraduras de cuero sin curtir
pateando mi historia y todo el recuerdo
como un grial devaluado,

dejé la suma de mis vidas, seculares
transitorias, violentas,
hice promesas de sangre,
redimibles sólo con sangre,

yo no vine a Las Vegas
a matarme bebiendo,

yo he venido a brindar por ti,
a saquear casinos,
a erigir infiernos al rozarnos
a saciar mi instinto tragaperras

no, Ben,
no te equivoques,
porque repito,
no he venido a Las Vegas
a matarme bebiendo
ni a mamártela como una actriz,

eso es tan corriente en estas calles …

no he venido a Las Vegas a follar contigo,
he venido a trascender
más allá de las vulgares amazonas
con quienes los solitarios se masturban,

eso es tan común en estas fiestas…

pero yo no vine a morir en Las Vegas,
vine a celebrar contigo
la rabia jubilosa de estar vivos…

Yo he venido a protagonizar banquetes
de bestias feroces,
a desvalijarnos bárbaros
cómo cazadores furtivos,

no he venido a Las Vegas
simplemente a desnudarte,

he venido a desvestirte de cualquier
ropaje esquizoide,

no hay nada más lascivo en Las Vegas
que lo que yo he venido a hacerte

y he venido a cubrirte
de inocencia absoluta…


martes, 20 de noviembre de 2012

Back into the past (o las vacaciones de Sailor)



Algo no va bien,

la cordura tensa los labios
del color de la corriente alterna,
dos rayas peligrosas de alto voltaje
dónde anidan los relámpagos
siempre a punto de tormenta

Mi cuerpo es una torre de alta tensión,
un cruce de cables de arriba abajo,
que ni siquiera se rozan,
rodean mi corazón de ojos caimán y pétalos de bisturí
circundado por las brasas
de la calavera del peor de los Sioux.

Un chaleco de explosivos
cobija celoso una bomba de relojería
bajo una costilla cualquiera
en uno de mis cuerpos,
incapaz de estallar de una sola vez,

inutiliza mis piernas a cada explosión,
dos imanes contrarios al suelo desimantados de toda raíz
ruedan inválidos sobre el asfalto negro de vuelta al sueño,

algo no va bien,

se me saltan los puntos del ayer,
se me desatan los años en la cara,
los nudos de los puños se vuelven contra mí
haciendo que la bebida sólo me produzca malos despertares.

Cómo una cunda,
mi corazón se recorre las alcantarillas a cualquier hora
en busca del pico definitivo que acalle a mis monstruos,
y corre a envenenarse de tu mano áspera, aunque experta,

y yo ya no me miro en los espejos,

me miro en los retrovisores

que diseccionan la sangre con el pasado de fondo,
y veo mi boca arrodillada
a la altura de otras risas que no eran la tuya,
me miro
y no me gusta lo que veo,
mis 15 infectados de santería,
mis 16 sola, sin amigos,
a los 17 borracha y loca,
manchados mis 18 con la esperanza de los 19
que renegando de lo 20 rompían a hachazos contra los 21…


desde entonces la ropa interior,
toda, toda se me quedó grande.

Algo no iba bien,

mi esqueleto me abandonaba cada noche
pateándose autopistas interminables
a golpe de pulgar e instinto
buscando un continente con cuerpo de rock
y cara de Rolling,

después se iba
a la temperatura que arden los dientes,
desintonizando en la radio
las crónicas de sucesos
y ensayando caritas de terciopelo nuevas,

desaparecía a la velocidad
del que sabe sus noches contadas,
entre las aduanas de las gasolineras
dónde repostaba 95 octanos de música country,

-         Algo no va bien – decía,

y antes de que amaneciera
se repetía siempre lo mismo:

-        Mañana volverán los amigos,
entonces yo inventaré un final apropiado,
dónde a la noche no seré la misma vestal
de lata de conserva de siempre,

con el mismo desfibrilador bajo la almohada  -



Bukowski Club,
16 de Noviembre de 2012

jueves, 27 de septiembre de 2012

Raíces negras



A Julio Arce, 
por sus fantásticas clases de
Música Popular Urbana


No hay tierra sin pueblo, puede haber pueblo sin tierra: La música conforma las naciones
Peter Welles

Esta es la idea que Peter Welles defiende en la conferencia sobre la música popular cómo pilar de la identidad americana.
Estados Unidos es la tierra del nuevo mundo, sus mitos son muy diferentes a los que se honraba en la vieja Europa. El tren, la construcción de esa red de arterias que comunicaron la costa Este con el romántico Western, a manos de manos negras, que encontraron en la música una vía de escape a esa condición de esclavos. Fueron los afroamericanos quienes enseñaron a América a reírse hasta de su mala suerte, quienes entretuvieron a su burguesía desde los Ministriles, o a no pisarse los pies bailando un rag time capaz de convertir el tiempo musical en jirones. Hasta la presencia del banjo, icono del cine del Oeste, es herencia negra.

Por todo esto, no es de extrañar que las primeras canciones narraron la vida de estos, allá por 1896 con un todavía desconocido Stephen Foster.

La Edad Dorada de la música popular norteamericana tiene su estandarte en la ruidosa Tim Pan Alley, aquella calle “de la cacerolada” era un hervidero de letristas y compositores que hacían un ruido infernal 25 horas al día. La llamaron la calle de las canciones, y los más célebres músicos que la afinaron fueron judíos, se decía que para comprender América tenías que viajar primero a Rusia.
En la música judía hay cómo en el blues una lágrima, un grito, esa capacidad de reírse de la mala suerte de la vida. Los judíos fueron los nómadas que empezaron a conformar país, cambiaron incluso sus nombres por otros americanos, porque para ellos, la religión era América.
Con el lanzamiento de “The Jazz Singer” Al Jonson que era judío y black face, solía decir “el jazz es la música de los judíos interpretada por los negros”.

A finales del siglo XIX, periodo de grandes descubrimientos, cómo la luz eléctrica, el gramófono, el cine… surge la primera generación de compositores y letristas, George Gershwin, Jorome Kern, Paul Robson…
Al jazz le siguió el blues, y a este el boggy boggy, un tipo de música que parecía el ritmo de un tren. Con los felices años ’20 llegó el Charleston, y la liberación femenina de las “flappers girls”. Se escribieron shows para Brodway y se consolidaron las Big Band.

Todos estos reconocibles símbolos con sabor a libertad, que poco a poco han ido haciendo nación al otro lado de las aguas, y que nos recuerdan, que el sueño americano es en realidad una bandera de muchos más colores.

domingo, 9 de septiembre de 2012

en el Sur no hay vírgenes



A Jack , Chuck & Barry, por darme tanto , tanto, tanto


Ariadna tiró del hilo
una noche de agosto estrellado,
no sé si le picaba tanto
más el vestido
o la goma de las bragas,
pero cansada de tantos rezos
a San Pancracio & la Virgen de la Fortuna
se apretó las ligas
al tiempo que desclavó
sus manos de la cruz
que tanto le pesaba,
desenfundó un viejo Colt 9,
herencia del reciente cadáver
de un jazzman
que pactó con el mismo diablo
una muerte de gramófono,
& acogiéndose
a la protección de todos sus nahuas
se borró las lágrimas en los ojos
con el vidrio de una botella de agave azul,
& descerrajó en el corazón
de su prometido tres balas:

en el nombre del padre

del hijo

& del espíritu santo,

Esa noche de agosto estrellado
cuando llegó a casa
brindó con un Old Fitzgerald de 15 años,
recuerdo del último secuestro en Kentucky,
se desnudó de cara al espejo
& después de masturbarse
con la imagen de Robert Mitchum
en La noche del cazador
entonando el célebre Leaning Leaning
hasta durmió tranquila,
no pensó nada más.
A la mañana siguiente
un flamante Chevrolet Malibú del 65
aparcó frente a su apartamento
a las 7.43,
Cord Cuervo, natural de Cabo San Lucas,
hijo de un célebre
corredor de apuestas de Obregón
& de la popular telepredicadora
Cassie Esperanza Refrito, inmigrante en Oklahoma,
se alisó su  impecable traje beige
de raya diplomática,
encendió el primer Paul Mall del día
& esperó,
pendiente de que Ariadna
no cayera en que cada día
le faltaba más pelo,
que él disimulaba bajo
un elegante Stetson marrón.
A las 7.53, la señorita
salió del 32 de la calle Amanecer Ballenas,
tras unas enormes gafas de sol
& una sugerente falda lápiz rojo intenso
que acentuaba sus curvas
de mujer puñal,
tal cómo habían acordado.
Cuervo la besó timidamente en los labios
al tiempo que abría la puerta del auto,
sólo dijo:
-         ¿Has traído lo de Santos? –
a lo que ella sonriendo respondió
señalando su Birkin de Hermes
de cocodrilo del Nilo.
Arrancaron
levantando una polvareda
sobre los coletazos del verano
en Rancho Cerro Colorado
& tomando la carretera Federal 19
a Bahía de Concepción
fueron dejando atrás la BC
digno lecho para indios
& amantes pobres,
en el coche música country,
tarareaban canciones de
Dolly Parton & Bill Monroe
entre los secaderos de tabaco
que enmarcaban los andenes,
Ariadna era feliz así,
¿Qué futuro podía ofrecerle un
humilde jardinero de Todos Santos?
en realidad ella pensaba
haberle hecho un favor,
siguió tarareando
al tiempo que se agachaba
sobre el regazo de Cuervo,
& se repasaba los labios
cómo a él le gustaba,
- chica lista Ariadna -
Llevaba a cuestas tanta violencia
que a veces hasta le
sangraban los sueños,

pero sabía cómo tratar a cada hombre

& éste tenía el dólar sujeto por la cola,
& eso es más eficaz
que una ametralladora.

martes, 10 de julio de 2012

nacido el 4 julio

¿A cuánto le sale a un país la hemiplejia de un hombre?
¿A cuánto cotizan los huesos de las banderas,
los galones que luces en tu solapa de veterano?
¿A cuánto les sale a tus padres el orgullo de un hijo lisiado?
¿Qué precio tienen los colores de la lealtad?
¿A cuánto los sellos de misivas interminables
en la contienda de una gran mentira?
¿Cuántos kilómetros entre tu boca de trinchera
y sus labios de universidad?
¿Tiene tu felicidad un himno confederado?
¿A cuánto el respeto de tus ojos flotando
en una mamada de lágrimas?
¿a cuántos disparos?
¿a cuántos civiles?
¿después del desfile qué?
¿después del homenaje quién?
¿a cuánto Norteamérica sobre el mortero?
¿a cuánto el ausente olor de las minas?
¿a cuánto la patria a la guerra?

diles Ron,

¿qué cuestan tus piernas en Vietnam?



jueves, 23 de febrero de 2012

Manifiesto escapista


Vivimos en una orilla del río, la orilla de la Gran Luz.
A la otra orilla del río, la orilla de la Gran Noche,
es a dónde debemos ir.
(Romeo Dolorosa)

Huimos del calor disolvente
que al mediodía despuebla el mundo.

Huimos de la madrastra patria
que frustra el sueño beatnick
con presagios de una caída
sobre el encapotado abismo.

Huimos del vademecum de la gratificación instantánea
que proponen medios y ministros.

Huimos de las ciudades sin centro,
porque las ciudades sin centro
son ciudades sin alma.

Huimos de la casa de los padres,
para dormir en moteles dignos
de las peores perversiones de Alfred Hitchcock,
del que hasta el diablo reniega.

Huimos de las cuentas que alimentan
el prodigioso collar de la oferta y la demanda,
huimos para escapar de la gorda muerte
que acecha la decadente Europa,
abandonada a toda suerte
de corregir su derrota.

Huimos por las cañadas de vías férreas
que zurcen el pecho de la metrópoli Matadero,
dónde se persigue a la rebeldía
que amenaza el cártel de la corrupta democracia:
Paraíso fiscal,
(el término paraíso perdura
y no le hace justicia)

Huimos con el corazón izado,
corajudos jinetes, indomables profetas en tierra hostil,
dónde la aridez de las frustraciones
y el rigor de los vientos del sur
no ha hecho mella en nuestros cráneos,
aquí, todavía, la esperanza es nación intacta.

Huimos de la dormidera mescalina
que produce en cadena la maquiladora del conformismo.

Esteparios,
extranjeros,
jugamos a resucitar la apachería con versos salvajes,
y mientras vosotros estandarizáis la felicidad vía whatsapp,
nosotros bailamos sobre las mesas con las espuelas puestas.

Por eso a la noche,
igualadas todas las sombras,
huimos con la aguja apuntando en la misma dirección:
Siempre al Oeste de vuestro oeste,

nosotros,
exiliados y poetas,

carne de la misma calavera

jueves, 9 de febrero de 2012

He's a doll

Aunque la universidad no se parezca nada
a lo que nos vendieron,
y quizás sin estudiar
nos pasemos el verano en Lugo
y no en Miami.

Aunque al abrir mi taquilla
no se me caigan los libros
y quizás no aparezcas, Danny Succo,
Lágrima o Trip Fontaine
a devolverme tu foto
de entre mis apuntes.

Aunque no me hayan enseñado
a diseccionar ranas en biología
y quizás no esté en un club de mates,
de ciencias, ni cirugía.

Aunque no se celebre San Patricio
todos los días
y quizás no tengamos el doble de edad
que la que aparentan los actores
en el carnet de identidad.

Aunque no haga todos los días
un tiempo californiano
y nuestro bronceado no sea
el de los mares de Hawaii.

Aunque las fiestas en casa de mis padres
estén sobrevaloradas,
y quizás nunca haya saboteado el ponche
en ninguna graduación.

Aunque tu amigo negro
no sea gracioso, no fume petas, no juegue al basket,
y quizás no muera el primero.

Aunque no conduzcas un Mercedes blanco,
por supuesto, descapotable,
y me guiñes un ojo
esperando a que grite,
no sé ¿quizás de placer cuando me suba?

Aunque después no haya acantilados
para aparcarlo delante
y follar como vírgenes
o no tanto.

Aunque tu jefe se parezca de veras
al director cabrón del guión
y quizás su discurso
no sea cada mañana el de:
“¡Bienvenido al instituto!”

Aunque no sea yo la jefa de las animadoras,
ni rubia, ni rica
y quizás sólo una “nerd”
que escriba poemas,
y suspire por un Ken,
de foto de taquilla.

Aunque te suene a tópico.
y yo sea la chica lista
que con la suerte del despiste
y todo eso de que las casualidades existen,
te salve, no sé,
de un examen final
a tí
¡el quaterback del equipo local  (los Wild West Buffals)!
me invites al baile de fin de curso

… o quizás a un recital de poesía

y ya sabes lo previsibles
que son estás películas americanas.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Fantasía gringa

Imagina que el secreto de las días
es un baile de máscaras
intercambiables
que juegan al despiste
con disfraces
de siete colores
que se colorean al gusto
de las estaciones.

Imagina sus manos al volante
de tu cintura,
y cómo cada uno de los poros
se abren como girasoles
de la amerindia Kansas,
dónde atravesar la ciudad de los vientos
es posible en un poema
que destruye la certidumbre del tedio
cuando al hablar teje
los versos más bellos y sinceros
que conozco,
para entonces
surcar del Este al Sur las Grandes Llanuras
por la cuenca del Arkansas
sin más intención
que desgastar amaneceres nuevos,
ni más maleta que tus labios
de todoterreno vintage.

De esta tierra fértil
desembocar en las Altas Cumbres.
Con canciones de segunda mano
prohibir la entrada
a la mediocridad y la tristeza.
Cómo autoestopistas viajar
a dedo hasta Oklahoma,
y con el sombrero de fieltro
destemplar las cuerdas del ukelele
a base de roncito
y bien.
Amortiguar la tormenta de raíles
con las balizas del corazón
y el silenciador desactivado.
Entre rastrojos arder,
de las costillas prenderse un arpón,
como cheroqui jurar:
que sin ti yo morir,
que por ti yo matar,

Enloquecer de feliz
en la 35 interestatal,
reventar la cunetas de la memoria
y dejar huella de nuestra silueta
en las lunas del viejo Oeste,
como aves rapaces
devorándose el instinto.

Mientras la noche
se incendia,
amarse en defensa propia,
aún con el cazador
apuntándonos las alas
a través del visor
del que busca el amor desde el infierno.

Ramilletes de altramuces en Texas
empapados del polvo del desierto,
deambular por los tejados
con las botas a la medida del vértigo,
prometiéndole al sol criollo
la historia más bonita
del condado.
Montar los caballos sureños
por los oníricos campos de algodón
y coleccionar todos sus relinches
para alimentar la memoria
de crines.
Sentir la emoción
de escapar contigo
al fin del mundo
una y otra vez,

Imagina que noches
de poesía y jazz,
y al mundo y mi madre
volviéndose locos buscándonos,
y tú y yo en Colorado
desafiando desfiladeros imposibles
con la mirada puesta
en el ombligo,
burlando a la generación
del desencanto
como románticos salvajes
dispuestos a descentrar los polos.
tallando a navaja el camino de fuego,
en un incendio de escorpiones
y lluvia de cascabeles.
Dónde la banda sonora del desierto
seas tú y una armónica de hojalata,
nada más,
perdidos y jodidamente a gusto,
coqueteando con el peligro
del Estado de Nuevo México,
repostando saliva y sudor
en cada estación de servicio
a precio de gasolina.

Imagínate gringo y poeta,
renunciando a los herederos
de tanta nada,
y con los bolsillos repletos de tiempo
donde Ser
signifique no ser mas que no mismo,
y pueda hacerte
… poesías,
todo el día,
y toda la noche,
con la certeza de saberte
la bala que acabó con el miedo
del monstruo del destino.

Abrirse en todas las curvas
de la madre de todas las carreteras
con la que comparo
la Vida,
y con lo que quiero decirte
que no entiendo
el futuro ni el presente sin tí,
lo que me hace pensar
que si pudiera
invertiría en la maquina del tiempo
para volver a buscarte,
dónde a falta de amor
hubo no más que güisqui,
libros y música tirada en el sofá,

Imagínate entonces,
cuando Los Ángeles
buscaban su infierno
sobre dos ruedas,
dónde
ni una sóla voz
si no es la tuya
me sostiene,
donde tumbarse en los campos de amapolas,
sea vivir.

Imagina que nos queda
crecer con todo el horizonte
por delante,
ofreciendo
lirismo y kitsch
a un mundo devastado
de prosa
en medio de la nada,
que se resigna al silencio
como si nunca se hubiera
celebrado su combate.

Todo esto
que empieza,
imagina,
desde Madriz,
con Charlie Parker improvisando,
desquiciando de pasión
los corazones
del mundo,
la ventana abierta
y la estufa apagada

Y yo estoy
“más caliente que el asfalto de Georgia”